Una Nación en Cruce de Caminos
I. Introducción: el país que parecía eterno
Durante muchos años, Venezuela fue vista desde afuera como un país de promesas naturales: petróleo abundante, paisajes únicos, una de las mayores reservas energéticas del planeta y una cultura vibrante que mezclaba modernidad con tradición. Mientras otras naciones latinoamericanas lidiaban con golpes, transiciones o crisis económicas, Venezuela parecía avanzar con cierta estabilidad. Eso cambió lentamente, primero de forma casi imperceptible, y luego de manera abrupta. La política —que suele ser un terreno de desacuerdos— se convirtió en el eje central de la vida diaria.
Esta historia se sitúa entre los años 2010 y 2020, una década marcada por decisiones políticas, conflictos institucionales, cambios sociales, protestas masivas, sanciones, crisis económica y un profundo éxodo migratorio. Pero también es la historia de cómo un país enfrentó un dilema: el proyecto político que muchos defendían apasionadamente, y la necesidad de cambios que otros veían indispensables.
II. El legado de un liderazgo y el comienzo de una transición
En 2010, Hugo Chávez estaba en su segundo periodo presidencial consecutivo dentro de un modelo de gobierno que combinaba discurso antiimperialista, control estatal del petróleo y programas sociales masivos. Para millones fue sinónimo de inclusión; para otros, una ruta hacia el autoritarismo. Lo que nadie dudaba era su influencia política, que moldeaba el rumbo del país.
En 2012, Chávez anunció públicamente problemas de salud. La enfermedad abrió un nuevo capítulo: la incertidumbre política. En 2013, tras su fallecimiento, Venezuela entró en un proceso de sucesión que colocaría a Nicolás Maduro en la presidencia mediante elecciones disputadas. El país no solo perdía a la figura central del proyecto bolivariano, sino también la estabilidad económica relativa que el petróleo había sostenido durante años.
III. El petróleo, el dólar y la economía que dejó de obedecer
Para entender la política venezolana en esta década hay que mirar el mercado petrolero. Entre 2014 y 2016 el precio del crudo cayó de más de 100 dólares por barril a menos de 25. En un país donde el 96% de sus ingresos externos dependían del petróleo, el impacto fue inmediato. Las importaciones, subsidios, programas sociales y controles cambiarios comenzaron a presionarse desde adentro.
La política económica se transformó en un terreno explosivo: controles de cambio, inflación creciente, escasez en productos básicos y un sistema dual donde el dólar oficial y el paralelo contaban dos historias opuestas. Lo económico dejó de ser técnico y se convirtió en político. Las decisiones del gobierno, las críticas de la oposición, los análisis internacionales y la frustración ciudadana se mezclaban en un mismo escenario.
IV. Instituciones: el tablero del conflicto
Entre 2015 y 2017, el conflicto político subió de temperatura. La oposición ganó la Asamblea Nacional en 2015, un hecho histórico después de más de una década de hegemonía oficialista. Ese resultado abrió un choque de poderes: Ejecutivo, Legislativo, Tribunal Supremo, Fuerza Armada y organismos electorales se convirtieron en piezas clave.
Las decisiones se sucedieron: desacatos, sentencias, decretos, elecciones regionales, referéndums frustrados, protestas callejeras y una polarización que ya no era solo política: era social y emocional. Familias, amigos, comunidades enteras estaban divididas por interpretaciones distintas de lo que era “el país real”.
V. La calle como escenario
2017 fue el año en que la política salió de los salones institucionales y tomó las calles. Las protestas masivas recorrieron Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y muchas otras ciudades. Los enfrentamientos, muertos y detenidos fueron parte del costo humano. Mientras tanto, el gobierno avanzó con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, un órgano desconocido por la oposición, por varios gobiernos extranjeros y por organismos internacionales.
La política dejó de ser discurso: se convirtió en sobrevivencia.
VI. Diplomacia, sanciones y la política internacional
A partir de 2018, Venezuela dejó de ser solo un conflicto doméstico. Estados Unidos, la Unión Europea, la OEA, Naciones Unidas, Mercosur y otros bloques tomaron posiciones. Hubo sanciones, ruptura de relaciones diplomáticas, desconocimiento de elecciones y debates sobre legitimidad institucional. En 2019, con la figura de Juan Guaidó proclamándose presidente encargado con apoyo internacional, la pugna llegó a su punto más alto.
El país tenía dos proyectos políticos paralelos, dos instituciones que reclamaban autoridad y millones de ciudadanos atrapados entre el relato oficial y el relato opositor.
VII. La gente entre dos fuegos
A veces, cuando se habla de política, se olvidan los ciudadanos. En esta historia no.
Mientras las élites debatían legitimidad y soberanía, el venezolano común buscaba harina, medicina, gas doméstico o transporte público. Entre 2016 y 2020 se produjo uno de los mayores éxodos migratorios de la historia moderna latinoamericana: más de seis millones de venezolanos salieron del país rumbo a Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Brasil, México, Estados Unidos y Europa. No era un éxodo militante: era un éxodo económico y humano, lleno de incertidumbre pero también esperanza.
VIII. Final abierto
La década no terminó con una solución clara. Venezuela llegó al 2020 en pandemia, con negociaciones discontinuas, sanciones, deterioro económico y una extraña estabilidad temporal sostenida por la dolarización informal y cambios que el propio gobierno nunca reconoció oficialmente como reversión de su modelo inicial.