El día en que nadie lo vio, pero todo cambió
Cada mañana, Don Ernesto se sentaba en el mismo banco del parque a las seis en punto. Nadie sabía su nombre. Para la mayoría, era solo “el señor mayor del banco”, una figura silenciosa que parecía formar parte del paisaje urbano, como los árboles o las farolas encendidas al amanecer. Llevaba siempre la misma gorra…