Chile y la Promesa de una Nueva Constitución

I. Un país con fama de modelo

Durante buena parte del siglo XXI, Chile fue mencionado como uno de los países más estables de América Latina. Las cifras parecían confirmarlo: crecimiento sostenido, baja inflación, reformas económicas de décadas anteriores y una clase media en expansión. Mientras otros países de la región enfrentaban crisis políticas o devaluaciones abruptas, Chile era presentado como un ejemplo técnico. Pero los números no siempre cuentan la historia completa de una sociedad.

Bajo esa superficie existían tensiones acumuladas durante décadas: desigualdad, endeudamiento, costo de vida elevado, sistemas privatizados y una percepción creciente de que el “modelo” beneficiaba más a unos que a otros. Lo que pocos imaginaban era que un conflicto aparentemente menor sería el detonante de la crisis política más profunda del Chile reciente.

II. Los 30 pesos que valían mucho más

En octubre de 2019, la noticia circuló silenciosa: el metro de Santiago tendría una subida de 30 pesos en el costo del pasaje. Para muchos ciudadanos, el aumento era simbólico, pero para estudiantes, trabajadores y familias de ingresos medios y bajos, esos 30 pesos representaban algo más grande: el reflejo de que la vida seguía encareciéndose mientras los sueldos no alcanzaban.

Las primeras protestas fueron lideradas por estudiantes que saltaron torniquetes y llamaron a la evasión masiva. Pero en pocos días, el movimiento se extendió. Lo que empezó como una protesta contra un alza tarifaria se transformó en una explosión social que mezclaba rabia, cansancio y demandas acumuladas durante años.

III. El estallido

El 18 de octubre de 2019, Chile vivió lo que muchos llaman “el estallido social”. Miles de personas salieron a las calles, primero en Santiago y luego en otras regiones del país. Hubo saqueos, incendios, enfrentamientos y un estado de excepción decretado por el gobierno. El presidente Sebastián Piñera hizo una declaración que marcaría el clima del momento: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso”.

Esa frase sería recordada tanto por simpatizantes como por detractores. Para algunos, expresaba la gravedad de la situación; para otros, profundizaba la distancia entre el poder político y la calle.

IV. Las demandas detrás del ruido

A medida que las manifestaciones continuaban, el país empezó a escuchar un catálogo diverso de demandas: pensiones dignas, educación gratuita y de calidad, salud accesible, transporte justo, salarios más altos, fin a los abusos corporativos, igualdad y reconocimiento para pueblos originarios, especialmente el mapuche.

Lo político se mezcló con lo social. Lo económico con lo cultural. El Chile del “éxito técnico” se encontró discutiendo su propio modelo.

V. El acuerdo que sorprendió al continente

En noviembre de 2019, cuando la presión social parecía no ceder, el gobierno y parte de la oposición firmaron el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución. La propuesta era histórica: consultar al país mediante un plebiscito si deseaba cambiar la Constitución vigente desde 1980, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.

Por primera vez en su historia, Chile tenía la posibilidad de redactar una constitución democrática desde cero.

VI. Pandemia y pausa

En 2020, el mundo quedó paralizado por la pandemia de COVID-19. El proceso político chileno no fue la excepción. El plebiscito, originalmente calendarizado para abril de 2020, se pospuso para octubre. Pero el proyecto no se abandonó. Por el contrario, la pausa pareció reforzar la idea de que el modelo necesitaba reformas profundas.

En el plebiscito, el resultado fue contundente: un 78% votó “Apruebo” la redacción de una nueva Constitución. También se aprobó que el órgano encargado sería elegido por la ciudadanía de forma exclusiva, sin intervención parlamentaria directa.

Chile volvía a marcar historia.

VII. La Convención Constitucional

En mayo de 2021 se eligió la Convención Constitucional, compuesta por 155 integrantes, con reglas inusuales en comparación con otras instituciones latinoamericanas: paridad de género, representación de pueblos originarios y espacio para movimientos sociales sin trayectoria partidaria clásica.

La convención se instaló en julio del mismo año. Sus debates fueron intensos, mediáticos y polémicos. Hubo acuerdos y desacuerdos, discursos emotivos, tensiones internas, errores estratégicos y episodios que marcaron el tono del proceso.

VIII. Los cambios electorales

Mientras tanto, Chile vivía otro giro político: en diciembre de 2021, Gabriel Boric, exlíder estudiantil y figura de la izquierda, ganó la presidencia con 36 años, convirtiéndose en el presidente más joven de la historia del país.

La llegada de Boric reflejó el deseo de cambio de una parte importante del electorado, pero también evidenció la división del país: sectores conservadores alertaban sobre el rumbo económico y social, mientras que sectores progresistas celebraban una oportunidad histórica.

IX. El plebiscito que parecía final —pero no lo fue

En 2022, el texto constitucional fue terminado y presentado. Lo que vino después fue una campaña polarizada. Por un lado, quienes defendían el proyecto como una transformación profunda hacia un Chile más inclusivo. Por otro lado, quienes lo criticaban como un documento excesivo, ideologizado o poco realista.

El 4 de septiembre de 2022 se votó. Contra la expectativa de muchos, el resultado fue claro: el texto fue rechazado por un 62%.

X. Final abierto

El rechazo no significó el fin del proceso constituyente. Chile siguió negociando caminos alternativos, comisiones y acuerdos para reabrir la posibilidad de un nuevo texto con otros actores políticos.

Al igual que Venezuela, México, Perú o Colombia, la historia política reciente de Chile no cerró con una solución definitiva. La democracia no siempre ofrece finales redondos: ofrece capítulos. Y este aún no ha terminado.

XI. Reflexión: política, identidad y futuro

La década 2019–2022 dejó preguntas abiertas:
— ¿Qué modelo social quiere Chile?
— ¿Qué significa “progreso” en el siglo XXI?
— ¿Qué lugar ocupa la calle en la política moderna?
— ¿Qué tanto puede cambiar un país mediante una Constitución?

Lo cierto es que aquel país considerado estable mostró que la estabilidad puede ser engañosa cuando el malestar se acumula en silencio.

2 Visitas totales
2 Visitantes únicos

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *