Las cartas sin sello
El viento olía a papel húmedo y a madera de biblioteca vieja aquella tarde.En el corazón de la ciudad había un pequeño café al que casi nadie entraba ya: El Mirador Rojo. No tenía ventanas grandes ni música alta. Tenía un piano desajustado, un reloj que adelgazaba los minutos, y una barista que coleccionaba cartas…